El Limón de Orihuela: menos fotos y más soluciones
Por Luis Quesada
Concejal y secretario general del PSOE de Orihuela

Hace unos días asistimos en Orihuela a una nueva fotografía institucional del primer “Corte del Limón”, pero este acto solo fue eso, una mera escena para la foto, porque los todos los políticos presentes dijeron lo mucho que apoyan a la agricultura pero no anunciaron ni una sola medida capaz de aliviar la situación del sector. Representantes del Consell y del equipo de gobierno municipal de Orihuela sonrieron junto al cítrico que sostiene la economía de miles de familias de la Vega Baja, pero cuando se apagan los focos y se marchan los coches oficiales, a las familias y al agricultor le quedan las palmadas en la espalda y los costes desorbitados, la incertidumbre sobre los precios en origen y una política de gestos que ya no puede ocultar la falta de respuestas.
El corte del limón no es un hecho aislado, sino parte de un libreto propagandístico muy bien ensayado. Hace casi tres años, el entonces presidente de la Generalitat, Carlos Mazón, vino a Orihuela para anunciar a bombo y platillo que el Palacio del Marqués de Rafal —adquirido por el anterior Consell del Botànic por más de 2,3 millones de euros para ponerlo al servicio de la ciudad— sería la “Casa del Agua” y la “Casa del Limón”. Sin embargo, la realidad es incontestable: el palacio permanece cerrado a cal y canto, se deteriora día tras día y sigue esperando unas inversiones que nunca llegan. Cada demora agrava su estado y encarece la restauración urgente que necesitará. Mientras tanto, aquellas sedes simbólicas no han resuelto un solo problema del sector, aportado un solo metro cúbico de agua ni concedido una sola ayuda directa.
El Gobierno autonómico pretende presentar como un apoyo específico a la Vega Baja lo que, en realidad, son líneas europeas ordinarias para jóvenes agricultores o para la modernización de explotaciones, abiertas al conjunto de la Comunitat Valenciana. Esas partidas pueden ser útiles, pero no constituyen un plan de choque diseñado para afrontar la crisis de precios del limón en Orihuela, ni una respuesta específica al aumento del coste de los recursos. Mientras el Consell convierte ayudas generales en anuncios locales, las cifras de producción y exportación siguen descansando, ante todo, sobre el trabajo y el esfuerzo de nuestros agricultores.
A esto se suma la manida demagogia hídrica que el Partido Popular exhibe en cada mitin, cada foto y cada reunión de afines. Agita la pancarta del trasvase Tajo-Segura para alimentar la confrontación, pero evita un balance completo de su propia gestión. La hemeroteca permite comparar etapas: durante el Gobierno de Mariano Rajoy hubo periodos de “trasvase cero” que castigaron a la Vega Baja; con el Gobierno de España de Pedro Sánchez, el trasvase ha seguido operativo y se han impulsado inversiones en desalación y reutilización para reforzar la seguridad hídrica del campo. Frente a esos hechos, el PP prefiere la pataleta y el titular engañoso antes que explicar qué soluciones concretas propone para los regantes.
Nos encontramos ante un modelo político que utiliza la agricultura de la Vega Baja como croma publicitario y sustituye la gestión por la escenificación. La misma lógica se repite cuando se celebran actos de gala sin medidas para el campo, se abandona un bien histórico como el Palacio del Marqués de Rafal y se congelan proyectos clave para la comarca. No son fallos aislados: son las distintas caras de una política que anuncia mucho, ejecuta poco y deja que Orihuela pague las consecuencias.
El campo oriolano, uno de los enclaves destacados de la producción de limón en la Vega Baja, no vive de titulares, sedes de papel cerradas con candado, ni fotos de temporada. Los hombres y mujeres de nuestra tierra exigen medidas concretas: certidumbre hídrica basada en hechos, precios justos, apoyo frente al aumento de los costes y un gobierno que trabaje a pie de tierra. El Consell y el Ayuntamiento deben dejar de utilizar el limón como decorado, activar los proyectos pendientes y responder con decisiones verificables. Ya es hora de bajar el telón de esta comedia y empezar a gobernar para quienes sostienen la economía de nuestra tierra.




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