Orihuela se cae, literal y políticamente.
- Grupo Municipal Socialista Ayuntamiento de Orihuela

- 23 ene
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Por Milagros Lacárcel, abogada y concejala del PSOE en el Ayuntamiento de Orihuela
Basta apenas un día de viento para que Orihuela se paralice. Se cierran instalaciones deportivas “por peligro”, se clausuran parques, miramos con miedo a las palmeras por si deciden caer, se cortan calles y plazas por desprendimientos de cascotes y se acordonan edificios en mal estado con cinta policial, confiando —más que garantizando— que a nadie se le ocurra pasar por debajo. Y agradecemos, casi con resignación, que no haya ocurrido una desgracia.
Al día siguiente, cuando el viento amaina, se acaba la función. Se retiran vallas y cordones, se barren los restos y aquí no ha pasado nada. Hasta el próximo temporal. El tiempo sigue pasando sin que nadie se haga cargo, sin soluciones, sin remedios, sin actuaciones estructurales. Dos años y medio de gobierno municipal después, Orihuela sigue igual o peor.

El mantenimiento es claramente deficitario. Contratos caducados, como el de conservación municipal; edificios históricos abandonados; fachadas que se desmoronan; un casco histórico que se cae a pedazos mientras se actúa solo de manera reactiva y provisional. No se refuerza, no se invierte, no se exige a los propietarios que actúen, no se sanciona cuando corresponde y, lo más grave, no se instalan elementos de seguridad reales y permanentes que salvan vidas. No los de “quitar y poner” cuando sopla el viento.
Eso sí, hay ámbitos en los que este ayuntamiento demuestra una agilidad admirable. Por ejemplo, en la creación de la empresa municipal de la vivienda. Una empresa a la que se dotaron con 5 millones de euros...antes incluso de existir. Dos años y medios después, siguen "creándola": redactando estatutos, definiendo funciones y, sobre todo, resolviendo lo verdaderamente urgente para este gobierno: quién la va a dirigir y cuánto va a cobrar. Y ahora, además, pretenden hacerlo sin la participación de la oposición, como sí ocurre en el resto de empresas municipales. Esa es la propuesta que llevan al próximo pleno: que no formemos parte ni del consejo de administración ni de la junta general. Una tuerca más para seguir montando su chiringuito, con un gerente bien pagado y con carta blanca para seguir gestionando —a su manera, nefasta— el urbanismo de nuestra ciudad. En eso no hay retrasos. En eso sí llegan rápido.
Mientras tanto, no llegan las soluciones para los colegios: ni el contrato de mantenimiento ni el de limpieza. No llegan las respuestas al problema de la basura, a pesar de que Orihuela soporta una de las tasas más caras de la provincia. No llega el dinero a tiempo para las comisiones de fiestas. No llegan los plazos para ejecutar los presupuestos participativos.
Y mientras no se llega, todo se cae. Se cae la ciudad, se cae la credibilidad, se cae la confianza y se cae la esperanza de una ciudadanía cansada de escuchar que se trabaja “muy duro” cuando los hechos demuestran lo contrario. Porque gobernar no es acordonar problemas ni barrerlos al día siguiente; gobernar es prevenir, planificar y actuar.
La comparación es inevitable: una ciudad que se derrumba con apenas un día de viento y un gobierno que, con solo mirar los resultados de su gestión, también se desmorona. Mucho discurso, poca acción. Y Orihuela, especialmente su casco histórico, no puede seguir pagando las consecuencias de un gobierno que no está a lo importante: las verdaderas necesidades de la ciudad. Para que, al menos, cuando sople el viento, las fachadas —y la política municipal— no se vengan abajo.








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