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Artículo de Opinión; La política del humo en Orihuela

  • hace 51 minutos
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Gobernar un municipio del tamaño y la trascendencia de Orihuela requiere rigor, capacidad de trabajo y, por encima de todo, respeto al dinero de los contribuyentes. Lamentablemente, el Ayuntamiento de Orihuela vive instalado en la política del humo: anuncios grandilocuentes, ruedas de prensa constantes y promesas que se repiten una y otra vez, mientras la gestión real sigue sin llegar a las calles. El modelo de este equipo de gobierno no es la gestión; es la desidia: más impuestos, menos servicios y miles de euros en intereses por inversiones que nunca llegan. La realidad es tozuda y salta a la vista: su propaganda choca frontalmente con el abandono diario que castiga a nuestros barrios, pedanías y a la costa. 


El bipartito de las derechas ya no puede recurrir al manido comodín de la "herencia recibida" ni a la falta de tiempo: llevan más de tres años al frente del Ayuntamiento y han aprobado dos presupuestos propios en este mandato. Han dispuesto de todo el tiempo, las mayorías y las herramientas económicas posibles, pero el balance de su gestión es un rotundo fracaso en la calle. Gobernar no consiste en hacerse fotos ni en aprobar cuentas de espaldas a las enmiendas de la oposición. Gobernar es garantizar que los servicios básicos funcionen, un área donde este bipartito suspende de forma estrepitosa. Las quejas vecinales se amontonan ante calles sucias, contenedores rotos y una preocupante falta de medios en la recogida de basuras que sufrimos a diario, soportando además el cinismo de una subida de tasas que no se traduce en mejoras.


Ese mismo abandono alcanza a la educación pública. Los centros educativos del municipio arrastran una preocupante falta de mantenimiento, con quejas constantes de las comunidades educativas por el deterioro de las instalaciones, deficiencias en climatización y calefacción, problemas de conservación y actuaciones que se demoran sin explicación. A ello se suma la falta de planificación y el retraso en la ejecución de inversiones comprometidas, dejando a colegios e institutos en una situación impropia de un municipio como Orihuela. La educación pública merece una gestión responsable, no promesas que se repiten curso tras curso mientras los problemas siguen sin resolverse. El caso del CEIP Virgen de la Puerta evidencian a un gobierno local incapaz de ofrecer soluciones reales, planificación y espacios dignos a la comunidad escolar.


Pero si hay un agravio comparativo intolerable, es el ninguneo sistemático a nuestras pedanías y a Orihuela Costa. PP y Vox tratan a los vecinos de estos territorios como ciudadanos de segunda para recibir inversiones, pero de primera a la hora de cobrarles los impuestos. La costa y los núcleos rurales sufren una asfixia presupuestaria vergonzosa: carreteras sin mantenimiento, falta de iluminación, aceras destrozadas y servicios públicos deficientes. Mientras el dinero se prometía para proyectos estratégicos en estas zonas, la incapacidad de ejecución del gobierno municipal ha provocado que esas promesas caigan en el olvido, demostrando un desprecio absoluto hacia quienes sostienen económicamente gran parte de las arcas municipales.

 

Lo más indignante de esta situación es el insulto a la inteligencia de los oriolanos y oriolanas a través de su maquinaria de propaganda. Si uno compara las ruedas de prensa que este gobierno lleva ofreciendo desde el año 2023, la conclusión es alarmante: todas siguen prometiendo exactamente lo mismo en el tiempo. Vivimos en el día de la marmota de la política local. Convocan a los medios para vender como "nuevos logros" proyectos y obras que ya anunciaron hace uno, dos y tres años. Todo es humo y la gestión se ha reducido a la simple venta de titulares. No terminan ninguna inversión porque son incapaces de gestionar los expedientes, pero no tienen reparo en reciclar las mismas maquetas pleno tras pleno.


El ejemplo más escandaloso de esta parálisis administrativa es el uso temerario que hacen de los recursos financieros públicos. El bipartito de PP y Vox no dudó en solicitar préstamos millonarios, endeudando a la ciudadanía con el pretexto de acometer inversiones urgentes. Sin embargo, su incapacidad para sacar adelante los proyectos es de tal magnitud que las obras se pudren en los cajones. Las mejoras no llegan, pero la factura del banco sí: los ciudadanos y ciudadanas están pagando miles de euros diarios en intereses por un dinero paralizado en cuentas corrientes que no revierte en el municipio. Es una estafa por partida doble: imponen el coste financiero de su ineficacia mientras privan a Orihuela de las infraestructuras prometidas.


Para camuflar este caos y tapar su nula capacidad de ejecución, recurren sistemáticamente al engaño de las modificaciones de crédito. Pleno tras pleno asistimos al mismo "baile de cifras" para desvestir un santo y vestir a otro, un descontrol contable que un propio edil popular reconoció con asombrosa frialdad  al afirmar que "lo único que hacemos es mover el dinero". Es el reconocimiento explícito del fracaso: mover dinero de una casilla a otra en un papel no es gestionar. Gestionar es licitar de forma transparente, adjudicar, ejecutar y transformar la ciudad.


Desde el PSOE hemos exigido formalmente en el Pleno la realización de una auditoría externa e independiente que analice el grado real de ejecución de las inversiones y ponga luz sobre la contratación pública municipal.


Frente a la política de titulares vacíos, parches contables y propaganda institucional, la obligación de los representantes públicos es ser la correa de transmisión de esta indignación. Transcurridos más de tres años de mandato, ya no valen las excusas ni los anuncios vacíos: los oriolanos y oriolanas exigen responsabilidad fiscal, exigen respeto y exigen un gobierno municipal que trabaje. Exigen que el dinero de sus impuestos se traduzca en calles limpias, en pedanías integradas y cuidadas, en una costa con los servicios que merece, en colegios públicos seguros y en servicios del siglo XXI; no en pagar la más que evidente incapacidad, los anuncios repetidos y los intereses financieros por inversiones que nunca llegan.


La política del humo tiene un método muy claro: anunciar varias veces la misma inversión para crear la apariencia de gestión. Los proyectos cambian de fecha, pero no de estado; las fotografías se repiten, los titulares se reciclan y las obras siguen sin ejecutarse.

Orihuela no necesita más política del humo. Necesita un gobierno que sustituya los anuncios por la gestión, la propaganda por los resultados y las promesas por los hechos.

 
 
 

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